VIII - Lucia
Una semana. Solo había pasado una semana. Para Fernando había sido mucho más. Al salir de la terminal del aeropuerto sintió que estaba en casa. Nunca pensó que echaría de menos el bullicio de la gran ciudad, los atascos, el ruido de sirenas, ese caos controlado que son las grandes urbes.
El viaje que emprendió hace una semana a su pueblo donde nació, fue sin lugar a dudas un viaje también al fondo de su alma, de su corazón. Tenía muy claro, y así lo sentía el, que habría un antes y un después desde ese viaje...
Fernando tenía la impresión de que su viaje le había servido para arreglar cuentas con su pasado, con su presente y con su futuro. Ya nada sería igual. Ya no habrá más palabras vacías, ya no habrá más sentimientos camuflados, ya no habrá más tiempos muertos en el partido de su vida. Estaba dispuesto a que así fuera. Tenía claro por donde empezar y no quería perder el tiempo.
Pidió al taxista que le dejara a dos calles de su destino, quería estirar un poco las piernas. A medida que subía las escaleras sentía que el corazón se le salía, paró delante de la puerta, respiró profundamente y toco el timbre con la esperanza de que estuviera en casa.
Durante unos segundos interminables sintió que había alguien detrás de la puerta. Y por fin, escucho deslizar el cerrojo y la puerta se abrió.
Allí estaba Lucia. Delante de el. No hicieron falta palabras de perdón, no hicieron falta gestos de arrepentimiento, solamente una mirada. Se fundieron en un largo abrazo, sus labios se juntaron en un cálido y profundo beso.
Fernando no quería que hubiera otra "Sara" en su corazón, Lucia era la mujer que amaba. Y haría todo lo posible para que ella cerrara el paréntesis de su alma y le acompañara el resto de su vida...
El viaje que emprendió hace una semana a su pueblo donde nació, fue sin lugar a dudas un viaje también al fondo de su alma, de su corazón. Tenía muy claro, y así lo sentía el, que habría un antes y un después desde ese viaje...
Fernando tenía la impresión de que su viaje le había servido para arreglar cuentas con su pasado, con su presente y con su futuro. Ya nada sería igual. Ya no habrá más palabras vacías, ya no habrá más sentimientos camuflados, ya no habrá más tiempos muertos en el partido de su vida. Estaba dispuesto a que así fuera. Tenía claro por donde empezar y no quería perder el tiempo.
Pidió al taxista que le dejara a dos calles de su destino, quería estirar un poco las piernas. A medida que subía las escaleras sentía que el corazón se le salía, paró delante de la puerta, respiró profundamente y toco el timbre con la esperanza de que estuviera en casa.
Durante unos segundos interminables sintió que había alguien detrás de la puerta. Y por fin, escucho deslizar el cerrojo y la puerta se abrió.
Allí estaba Lucia. Delante de el. No hicieron falta palabras de perdón, no hicieron falta gestos de arrepentimiento, solamente una mirada. Se fundieron en un largo abrazo, sus labios se juntaron en un cálido y profundo beso.
Fernando no quería que hubiera otra "Sara" en su corazón, Lucia era la mujer que amaba. Y haría todo lo posible para que ella cerrara el paréntesis de su alma y le acompañara el resto de su vida...
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