VI - Alberto
Lo cierto es que fue más difícil de lo que Fernando esperaba, pero al final lo consiguió. Su tio Alberto era la persona más adecuada para administrar los pocos bienes que su padre dejó en herencia. Y allí en el despacho del notario del pueblo vecino, su tío y el firmaron la documentación necesaria para ello.
De todas formas Fernando tuvo que aceptar una clausula que le impuso su tío, este último no podría vender nada sin el expreso consentimiento de Fernando por escrito. La casa, el viejo barco y unas pequeñas tierras a las afueras, donde su padre soñó algún día con hacerse una casa, era toda la herencia que su padre había dejado.
La verdad es que desde que falleció su padre, era su tío quien se hacía cargo de todo y lo más justo era que fuera el quien disfrutara de lo que había dejado su padre. Hermano pequeño de su padre, siempre estuvo al tanto de todo, siempre dispuesto a ayudar a todo el que lo necesitara sin esperar nada a cambio. Fue gran amigo y confidente de Carmen, su madre, de hecho cuando eran jóvenes todos pensaban que se casaría con el y no con Pedro como así fue al final. Se casó con una chica que conoció en un pueblo cercano, al poco tiempo se separó y volvió a su pueblo, y desde entonces su vida era ayudar a los demás, sobre todo a su hermano y a su familia.
Al no tener hijos, Fernando era para el como su hijo, hasta en varias ocasiones cuando era adolescente, lo salvó de la ira de su padre, fue de los que más le animaron para que estudiara y buscara un futuro mejor lejos de aquel pequeño pueblo en la costa mediterránea y al mismo tiempo fue una de las personas que más lloró su marcha.
"Tu siempre la quisiste, ¿verdad?..." Fernando miró a su tío con cariño mientras le preguntaba. Su tío, le miró con tristeza, le sonrió y le dijo; "Que no se te olvide...esta tarde a las 20:00 en el restaurante del puerto", se subieron al coche y regresaron a su pueblo en silencio, un silencio que no hacía nada más que confirmar lo que Fernando ya sabía desde hace muchos años...
De todas formas Fernando tuvo que aceptar una clausula que le impuso su tío, este último no podría vender nada sin el expreso consentimiento de Fernando por escrito. La casa, el viejo barco y unas pequeñas tierras a las afueras, donde su padre soñó algún día con hacerse una casa, era toda la herencia que su padre había dejado.
La verdad es que desde que falleció su padre, era su tío quien se hacía cargo de todo y lo más justo era que fuera el quien disfrutara de lo que había dejado su padre. Hermano pequeño de su padre, siempre estuvo al tanto de todo, siempre dispuesto a ayudar a todo el que lo necesitara sin esperar nada a cambio. Fue gran amigo y confidente de Carmen, su madre, de hecho cuando eran jóvenes todos pensaban que se casaría con el y no con Pedro como así fue al final. Se casó con una chica que conoció en un pueblo cercano, al poco tiempo se separó y volvió a su pueblo, y desde entonces su vida era ayudar a los demás, sobre todo a su hermano y a su familia.
Al no tener hijos, Fernando era para el como su hijo, hasta en varias ocasiones cuando era adolescente, lo salvó de la ira de su padre, fue de los que más le animaron para que estudiara y buscara un futuro mejor lejos de aquel pequeño pueblo en la costa mediterránea y al mismo tiempo fue una de las personas que más lloró su marcha.
"Tu siempre la quisiste, ¿verdad?..." Fernando miró a su tío con cariño mientras le preguntaba. Su tío, le miró con tristeza, le sonrió y le dijo; "Que no se te olvide...esta tarde a las 20:00 en el restaurante del puerto", se subieron al coche y regresaron a su pueblo en silencio, un silencio que no hacía nada más que confirmar lo que Fernando ya sabía desde hace muchos años...
Comentarios
Publicar un comentario